domingo, junio 20, 2010

Adiós Monsiváis


Carlos Monsiváis fue para mí el primer intelectual hecho carne.  La primera persona que traspasó el papel y resultó ser un humano,  y es que a mis quince años los escritores eran habitantes del Olimpo.  Resultó entonces que Monsiváis escribía sencillo, cercano, lúcido y además era habitante de la colonia Portales.  Por aquellos tiempos yo era una preparatoriana que se sentía ultra radical porque compraba La Jornada en el puesto de periódicos que estaba junto a la todavía en funcionamiento  panadería “La luna” de la Nápoles.  Todos nos hacemos viejos.
 Cuando entré a la Universidad, seguí documentando mi optimismo cada lunes y cuando ya estaba anexada a las causas esenciales de los noventa, se hablaba del “Monsi” como uno más, con respeto siempre, pero con la familiaridad que yo ya había sentido años ha.  Creo que por eso no me deslumbró tanto conocerlo, porque era como el amigo de un amigo del que tanto has oído hablar.  Profesé desde entonces una admiración a la persona y no al personaje de pelos revueltos, camisa manchada y chamarra con pelos de gato. Logré en cierto sentido trascender  la anécdota de sus apariciones televisivas para poner el ojo en la centralidad de su discurso.
Yo no sé –esto era una especie de obituario y no un análisis- si la inmediatez de la información ha desplazado a la crónica, misma que Monsiváis hacía navegar con increíble soltura entre el periodismo y la literatura; o si es que Monsi no sólo deja huérfanos a un caudal de lectores sino también a la crónica como género.   Un género que algunos consideran menor por su supuesta caducidad y su apego absoluto a la realidad.   No es proeza menor que las crónicas de Carlos desafíen al tiempo y permanezcan.
La muerte de Saramago el viernes y la de Monsiváis ayer, nos obliga a mirar a esa literatura comprometida y sin poses.  A esa cercanía entre la obra y los ideales, asunto muy menor entre aquellos que quieren cruzar el pantano sin mancharse las plumas, entre  aquellos que se lavan las manos antes de darle al teclado para que ningún atisbo de compromiso les manche el relato.  Entre esos mismos “intelectuales de la pureza”, la moda fue jugar a “Péguele al Monsi” en cuanta revista, suplemento cultural y periódico permitiera este ejercicio facilón y reiterado de darle duro.  Nunca ha sido complicado atinar a blancos tan visibles.  Y vaya paradoja, ellos también se quedan huérfanos de enemigo imaginario (supongo que lo suplirán con Elenita Poniatowska, pero eso ya es alevosía y ventaja).
Mi más sentido pésame a todos nosotros: sociedad civil que reivindicamos, lectores que nos emocionamos, mexicanos que nos indignamos y  bohemios que brindamos.

4 comentarios:

Juan Jose dijo...

Que lindo homenaje y único en la palabrería de la avalancha mediática.
Varios amigos conectados desde distintos lugares soñamos con una idea que surgio por ahi para estrechar puentes con una Federacion de Podcaster y Blogueros...
Te dejo nuestra web, alli hay un enlace a iOski Podcast.
Un abrazo Colombiano

Anónimo dijo...

Gracias Juan José, lo miraré.

:)

Joaquin A. Zúñiga Ceballos dijo...

ASI SEA.

Juan Jose dijo...

Regreso con tu retorno en fase clear. Esta publicación de HJCK sobre el personaje http://www.hjck.com/nota.asp?id=1412935