Para los que acaban de irse De pronto me doy cuenta de que vivo en un satélite lejano y mis certezas quedan estrelladas allá en la tierra. En mi tierra. Vivo en un satélite colgado por hilos invisibles, un satélite obligado a mirar a la tierra. Mi tierra. Y ahí abajo pasan cosas, yo lloro y mis lágrimas no ruedan sobre el mundo. Mi mundo. Y entonces descubro que mi mundo no es mi mundo ni mi tierra es ya más mi tierra y me quedo como un pájaro sin alpiste suspendido en una gran jaula. No sé de qué sirve la comunicación satelital si al final no estamos nunca a tiempo para darnos un abrazo. Ni con todas las llamadas del mundo amortiguo el hueco de estos dos golpes… seguidos… uno atrás de otro. Y me gustaría pensar que el universo es una cosa inmensa creada por un alguien que nos arropa, pero no creo en nada. Entonces está un mundo ahí abajo y yo soy un satélite que sólo toma imágenes a distancia. Imágenes precisas de un dolor del que soy partícipe aunque no salga en la foto. Pienso que cuando baje a mi tierra, palparé los residuos de un lodo ya seco. Y aunque sepa que pasó una tempestad, lamentaré no poder estar ahí con mi paraguas roto. Por lo pronto el satélite se registra sin novedad. Quizá en dos o tres días vaya a un bar y me pida un Bacardí con Coca- Cola. O tal vez mañana pase por la panadería a comprarme una mantecada. Pero no será lo mismo, será solamente un guiño para que sepan que no los olvido.
Proyectos de gente adulta y seria me impiden seguir papando posts.
Neurona mata endorfina.
Aunque no sé quién diablos soy para imponerme reglas, me prohibo venir a perder el tiempo por estos lares.
Esto no sé si es un adiós o una pausa.
Es sólo que ahora que soy una persona opaca destinada en cuerpo y alma a la investigación y a la reflexión académica se me ha colado a pie de página un terrible sentido de la responsabilidad.
Espero que no me salga muy cara la multa por dejar estacionados los sueños en un lugar prohibido.
El cansancio se resbala por el sacacorchos. No, dije que sangría no, que era para gringas de chancla y calcetín (o francesas de escote pronunciado) pero una vez que cae el primer vaso, se redime a sí misma por obra y gracia de Lou Reed: Just a perfect day, drink sangria in the park, and then later, when it gets dark, we go home.. Y tuvimos de todo: parque con sombra, risas con vista al mar, terrazas con calamares y sobremesas casi eternas. Estuvo bien. Tendimos el puente de buena manera dejando en el otro extremo las obligaciones. Incluso volvimos al mismo punto de partida con despedida a cargo de exótico personaje de deshilvanado discurso y salpicado traje blanco. Y hoy el epílogo es un lunes que repta de mala manera por mi conciencia y me regala una alergia primaveral como penitencia por todos los excesos cometidos.
¿Y cómo estarán ustedes? ¿París es menos luminoso que nunca?
Decálogo para una amiga a la que hace años que no veo
1. No me digas que estoy más gorda que nunca (la obviedad es insultante).
2. No me preguntes por X. No sé nada de él y cada vez que me lo mencionan me entra una compulsión frenética por saber qué es de su mísera (que así me apetece imaginarla) existencia.
3. Prohibido hacer recuento frente a mi actual marido de todos los "ex algo" que me conociste. No sabes lo bonito que es vivir empezando de cero.
4. No compares mi modesto apartamento con mi casita con vistas a la montaña porque me da claustrofobia y no sé cómo salir de mí misma.
5. Come, bebe y fuma que estás de vacaciones. Hay que ser fiel a las tradiciones: No nos gustan las personas sanas.
6. Prohibido hacer tus típicas preguntas del tipo "¿Eres feliz?" Esas abstracciones sólo sirven para escribir guiones para películas o series de TV.
7. Recuerda que la vida no es ni una película ni una serie de TV. Mucho menos una telenovela.
8. Es obligatorio dejar que te apachurre las tetas por lo menos una vez (al día, claro).
9. Queda invalidada toda mención que aluda a que todo tiempo pasado fue mejor porque me obligarías a traer los trapitos sucios de aquellos entonces.
10. La sesión de intercambio sobre saberes ajenos es obligatoria. La ida y venida de información con su respectiva agregación y disección nos convencerá de que somos las más guapas, las más inteligentes y las más afortunadas.
Cuenta la leyenda que Sant Jordi mató a un dragón para rescatar a una princesa.
Sant Jordi es el patrón de Catalunya y por eso se celebra esta fecha regalando libros a los chicos y flores a las chicas. Para revertir la tradición, ahora ha de regalarse a las mujeres flor y libro y, por lo general a los hombres, un libro. El problema es que como cae casi a fin de mes, pues mi actual marido se quedó sin regalo por falta de presupuesto. Las Ramblas se atascan peor que nunca y más si coincide con un FCB - Manchester United. Las calles se llenan de libros y flores y algunas personas ingenuas creen que las rosas de invernadero huelen a algo.
También muchos partidos políticos y asociaciones aprovechan para vender el Capital de Marx en versión reciclada. Hay veces que te emocionas porque te piden una firma y piensas ¡ah qué caray, estos ya me reconocieron! pero nel. Seguramente es una ONG que te pide que firmes contra los trangénicos, las lapidaciones, los derechos de los ciegos, de los sordomudos, de las ballenas, etc. Buen rollito. El partido político de la derecha (PP) no puso su stand, seguro le dio miedo que se lo reventaran a huevazos. La izquierda variopinta sí puso los suyos.
Que se llene de libros no quiere decir que se llene de buenos libros y como es tradición que vayan los autores a firmar, pues tampoco quiere decir que se llene de buenos autores, pero así como el PP no puso su stand por miedo, hay gente a la que no le da miedo salir a firmar libros aunque escriban pendejadas como Bucay. Para entonces yo ya sabía que libro quería entre las pocas opciones que vi a mi paso. Así que directamente le dije a mi consorte: "Muy bien, ya tengo mi flor, ahora quiero mi libro o te denuncio por discriminación sexista" y mi actual marido dijo que le parecía muy bien, pero que qué libro quería, entonces le dije que el de "Chiquita" de Antonio Orlando Rodríguez.
Y me dijo "órale pues, te lo compro". Bueno, no me dijo órale pues, más bien me dijo "vale, mi amor, mi vida, lo que tú quieras" y yo le dije que pues sí que muchas gracias pero que no lo compraríamos ahí, en la librería que llevó al autor porque era una trasnacional de mierda que aplastaba a las pequeñas librerías (las ONG de la rambla hicieron bien su trabajo y me concienciaron sobre el cambio climático y las multinacionales) y que además no era yo precisamente una cultora de la mitomanía del rito de que el autor te firme el libro. Además, era una mezcla de escritores que daban pena porque había algunos -y buenos- a los quenadie se les acercaba y en cambio, a figurillas faranduleras les rendían pleitesía las colas kilométricas de fans enardecidas. Tal fue el caso de Buenafuente, Risto Mejide y el señor Fitipaldi sin sus Fitos.
Total que le dije a mi caballero medieval que mejor nos fueramos a Santako a echar unas chelas y ahí me compraba el libro, así que volvimos a una Santako mucho más catalana que el centro de Barcelona (pa' que luego digan que aquí puro #"/$&"$/ migrante que no se adapta)
Y pus ya me compró mi libro, mis chelas y después de tanta faramalla mediática y derroche romántico y cultural con Sant Jordi, uno se pregunta: