martes, diciembre 12, 2006


Trashumante amputada

Yo no vengo de una familia de viajeros sino de una de esas con raíces añejadas en el olvido. Me pensé diferente. Borreguito, pero viajero. Entonces era un pobre oveja con pretensiones. Ahora sólo soy una pobre oveja sin lana. He viajado menos de lo que necesitaba y hoy no veo ni siquiera tramos escampados de veinte kilómetros.
Mi poco inglés me ha servido para no quedarme atrapada en alguno de los tres continentes que he pisado. Mi poco catalán me regala algunas sorpresas y me permite la mediocre vida académica que voy llevando. Sé dos palabras en francés y tres en portugués y con eso se consigue poco más que un café con leche. Aunque a veces me basta con eso: cafè amb llet. Sobre todo ahora que empieza a fer molt fred i me quiero destuetanar, desmedulizar, desaparecer bajo las sábanas: hibernar.
Le cerraron el paso a mis ovejas.
Ya no pastoreo más que a mis escasos impulsos.
Nadie sabe cuánto y cómo duele. Esta bitácora de duelos ha tenido que aprender a contener las quejas sin parpadear su ojo verdoso. Tanca la llibreta. Go away.
Cállate, que jugar a ser feliz es un buen juego. Que no moverse es estabilidad. Que la monogamia es evolución. Que el ahorro es buena virtud. Que el primer mundo es molt maco. Que la globalización te permite tragarte tus penas con tortillas de maíz. Que no es que tu vida sea una mierda, es que todavía no le encuentras el sabor (¿a mierda?). Que estas fechas son muy malas. Que la rutina es una venganza que se come fría. Que comer frío es cosa buena, ya ves cuántos se mueren de hambre. Que, que, que... que tomas el metro con dirección a la chingada. No tiene parada en el aeropuerto. Ni en la zona franca. Ni en un carrousel para fingir que viajas a bordo de un corcel anaranjado.
Pròxima Parada: Abúlia enllaç Llínea Depresió. Aquí me bajo con el resto del rebaño.
La foto es mía. Evite el chiste fácil. Me refiero a que yo la tomé.

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