martes, octubre 02, 2012

La fascinación por los mapas


En la novela “El mapa y el territorio” de Houellebecq, Jed, el protagonista, se dedica a fotografiar mapas de la guía Michelín como parte de un proyecto artístico. Su exposición se titula “EL MAPA ES MÁS INTERESANTE QUE EL TERRITORIO” y me parece que en torno a esa premisa gira toda la novela. Pero yo no vine aquí a hablar de este libro, o al menos, no de momento. Me interesa de la novela el nombre, la representación que es en sí (un mapa de las frivolidades) y la representación de las representaciones.
Según Franco Farinelli, un geógrafo italiano, hoy en día el mapa precede al territorio porque buena parte de nuestro mundo está basado en representaciones y, siguiendo a Heidegger, recuerda que los occidentales creen que la representación del mundo es el mundo. En este modelo de la modernidad, dice Farinelli, se prevé que el sujeto esté inmóvil.
Siempre he sentido fascinación por los mapas geográficos. Por los mapas en sí porque a mí rara vez me representan la realidad. Muchas veces me he perdido con el mapa en la mano porque voy caminando en dirección contraria. Antes me angustiaba eso, pero después aprendí que hay cierta gracia en perderse, sobre todo cuando se está de vacaciones. No me gusta preguntar a la gente en la calle porque no confío que su lógica y la mía puedan hacer intersección en un plano mental que me lleve al lugar indicado. Pienso raro.  Mi fascinación por los mapas se vio reforzada cuando trabajé en una cartoteca a la que entré con cierto desánimo porque yo prefería la biblioteca. Ahí aprendí a sacar escalas para mapas pequeños, a guardar correctamente los planos de papel en esos cajones que parece que albergan muertos y me liberé de estar acomodando cientos de libros en los estantes. En la cartoteca vi que la gente, además de los mapas que necesitaba, solía pedir mapas sobre sus pueblos y ciudades. Hay una necesidad intrínseca por ver la representación de lo habitado. Supongo que es práctica habitual buscar lugares conocidos en el Google Maps. Yo lo hago con frecuencia para visitar la casa de mi madre, después deposito al mono amarillo en el street view y lo obligo a hacer el recorrido a la tiendita, pero el grado de detalle no da para ver los cigarros y la coca cola que yo compraría.
Todo lo anterior venía a cuento después de ver la exposición “Cartografías contemporáneas” y pensar en que encontraría además de estos mapas físicos, otras representaciones. Todo puede ser representado. Y yo creo que por esta fascinación derivada de los mapas geográficos, que son los primeros que conocemos (“¿me da un mapa de la República Mexicana con división política y sin nombres?”), me gustó tanto el enfoque de Análisis de Redes y sus posibilidades de representación visual. Por eso eché muchísimo de menos que en la exposición no hubiese un apartado más grande dedicado a la representación de redes ahora que está de moda con la popular creencia de que los que hacemos redes nos dedicamos al Internet. Yo pensé que enfocarían el potencial en los grafos de redes, por su actualidad y porque no dejan de ser mapas en donde los sujetos están estáticos, sí, pero la capacidad interpretativa de las ciencias sociales los pone en acción. Me llevé un pequeño chasco aunque la exposición en sí está muy bien montada y hay un montón de material interesante.
Cuando descubrí el programa Gephi me puse a redearlo todo. Y como buena dispersa que soy, en lugar de centrarme en mi tema, me puse a hacer composiciones poéticas en redes, a graficar la endogamia de mi clan tlaxcalteca, a graficar mi pasado y a hacer mi egroed y la de otros.
Casi todo es susceptible de ser explicado y simplificado con una representación (discúlpeseme la posmodernidad) y en eso me entretengo. Por eso cuando encontré el fichero de la novela “Los miserables” de Víctor Hugo me dediqué a jugar con ella un buen rato suprimiendo personajes y visualizando la historia.  El gráfico de aquí abajo (que ya estoy suponiendo que no podrá visualizarse en toda su plenitud) muestra a los personajes, a los grados (Indegree/outdegree) y, para esta representación, los agrupé en modularidades o subredes. Quien se haya leído la novela, encontrará la lógica. Quien no, puede regodearse en la representación por sí misma aunque no sea más interesante que el territorio. Esto no es una novela, los mapas no son el mundo, pero como toda fotografía, tiene su punto de curiosidad por la inmovilidad de los elementos y por la presentación de un momento que nos sugiere un todo, un alguien, un lugar. Un todo conocido o un todo desconocido. En ambos casos, el mapa, remite a una realidad o a sí mismo como realidad per se.

                                              

2 comentarios:

Víctor Gayol dijo...

Hace tiempo que no me daba una vuelta por tu bitácora. Este tema de los mapas, el e sacio y la representación.... algún día te tengo que invitar a que des una charla con tus reflexiones en mi curso.

Beatriz dijo...

Hola Víctor!
Encantadísima de ir a tu curso (antes o después de alguna comidita de esas que subes y que tanta envidia me causan)
Besos.