jueves, agosto 05, 2010

Las cornadas del tiempo

El domingo desperté, me vi al espejo y pensé que esa sería la cara que tendría en cuarenta años. Lo peor es que era la cara del presente y no la del futuro.  No pude posponerme esa expresión.  No son ni siquiera las arrugas, puede ser que tal vez las ojeras estuvieran más pronunciadas... ya no sé.  Me amaneció la cara de vieja aunque después del baño se me quitó.

El lunes un anciano me preguntó si ya había nacido en 1947.  Le dije que no, pero no con demasiada insistencia porque el día anterior yo era muy vieja.
"¿No recuerda que ese año murió Manolete?  No creo que lo recuerde, usted debió haber sido muy joven"
Me contó que Manolete le regaló un reloj de oro, fechado justo siete días antes de la cornada mortal de Islero.
"Es que yo fui torero ¿sabe?"
 Y me guardé los reproches antitaurinos, pues en el 47 seguramente no tendría yo estos discursos animalistas.
 Fingí interés porque le tengo más compasión a un viejo que a un toro.  Interés fingido que se convertiría en genuino cuando me contó que estuvo varias veces en la casa de Agustín Lara y que le brindó un toro a Ava Gardner.  Le dije que era una mujer hermosa.
"Psss... era bonita, sí, pero muy borrachita"
La diva quedó reducida a una bonita borrachita que le regaló otro reloj.  Un Longiness.
"Así se usaba.  Dedicabas una corrida y te hacían regalos.  El gobernador de Zacatecas me regaló un anillo de oro, pero no uno cualquiera.  Su propio anillo de oro, se lo quitó del dedo y me lo dio.  Los toreros españoles me regalaban trajes de luces a medida".
Y así recorrió las plazas de Lima, de Venezuela, de Colombia, de España y de México.
Conoció a Dominguín y a la mujer que le puso los cuernos.
"A los toreros siempre les ponen los cuernos. A Arruza, A Capetillo, a todos.  Las cornadas que no les daban los toros, se las daban sus mujeres"  Y se reía con su dentadura torcida, convirtiendo en gracia las tragedias personales.
Intenté que me contara más sobre Orson Welles pero no logré dirigir sus recuerdos hacia allá.
"¿Usted viene de España, verdad? En España hay más alegría ¿no le parece?"
Tampoco dije nada sobre Franco, sobre el concepto de alegría, sobre el drama de la tierra ajena, sobre los tópicos de la fiesta.  Yo era una mujer demasiado joven y demasiado simple en el 47, así que me limité a sonreír.
"Tres veces me tiré al ruedo de espontáneo y acabé en la cárcel.  Bueno, la tercera ya no, la tercera conseguí apoderado.  Esa vez fue Agustín Lara quien me dijo: lánzate muchacho"
Le pregunté sobre la cárcel y me dijo que estuvo nomás quince días a bolillo duro y café.
"En su tierra acaban de prohibir los toros.  Es que ¿sabe? sí es verdad que los toros sufren mucho.  ¿Y ahora qué van a hacer? Tan bonita la plaza de Barcelona"
Le dije que irían a Zaragoza o a Madrid, que en Barcelona la plaza ya no se llenaba como antes. Respuestas estándar plagadas de ingenuidad y compasión.
"¿Sabe? Manolete me regaló un reloj de oro siete días antes de morir. En 1947. Lo tengo fechado y todo.  Lo mató un toro llamado Islero ¿No se acuerda? Usted debió haber sido muy joven".
Y entonces me di cuenta que mi actitud de chica boba que cantaba "Granada" al piano para ganarse la simpatía de algún torero, fue la correcta. Gracias a la visión del domingo, yo ya sabía lo que era ser joven en los cuarenta y representé mi papel en el bucle interminable de los recuerdos del matador.
Se terminó la charla con un galante beso en la mano. Y lo vi alejarse con su andadera a modo de capote.
¡Qué tiempos aquellos! Me acuerdo muy bien de lo que no he vivido.

6 comentarios:

Reyna Carretero dijo...

Waw, Beatriz, maravilloso relato!!

Reyna Carretero

Joaquin A. Zúñiga Ceballos dijo...

y.. OLE!!!

Anónimo dijo...

... EL CARIBENHO... UHASHASHA :)

Mommy Langosta dijo...

Ay, me encantó. :D

nimbemon dijo...

Ándale Bea... este post es GRANDE; le hace una Verónica genial a los cuernos de la indiferencia y el olvido. Bárbaro, bárbaro olé... Me has dejado sorprendida y nostálgica. Un beso, n.

Alejandro dijo...

con todo ese sabor de un relato para la posteridad, para leer y releer, para reflexionar, para sentir, para vivir.
Un vericueto de emociones...
Uh, intento no usar analogías taurinas aunque por ahí hay otro comentario que le queda estupendo.
Felicidades Bea!!!