Breves domésticos
Tu mirada percudida
aún da vueltas
en mi lavadora de culpas.
viernes, septiembre 09, 2005
martes, septiembre 06, 2005
Vino y Oporto
No me gusta Saramago, debo confesar.
Me gusta el vino.
Me gusta lo que dice mi amigo el sommelier:
É melhor beber vinho e dizer mierdas, que beber mierda e nao dizer nada.
Jugué a que me gustaba Saramago cuando yo era capaz de reventar una botella de vino en la cabeza de mi amado.
Ahora que todo es calmo, sólo me gusta el vino.
Me gustaba el Oporto hasta que volví y ví mis botellas vacías opacadas por su eructo.
Eran cuatro botellitas de Oporto en una caja de madera que viajaron desde Lisboa. Al final, no me quedó ni la caja. Las botellas se estrellaron en mi pared, en los riñones o en el orgullo.
Ahora que todo es tan aséptico, sólo me gusta el vino en copitas de cristal y decir salud educadamente, como dicen que se hacen estas cosas según ciertas cosechas y ciertos cultivos de la buena educación.
Y no, no estoy borracha pero quisiera estarlo para poder decir mierdas justificadamente. Para poder gritar que estoy harta de una vida con tufillo a perfección y resaca de conformidad.
Así, en la sobriedad, pocos perdonan la locura o las mierdas o que no te guste Saramago.
Quizá compre una botella de vino que no sea español ni chileno. Un vino que no tenga nacionalidad de amantes presentes ni pasados y que tenga retrogusto a Pessoa:
Ao goso segue a dôr, e o goso a esta.
Ora o vinho bebemos porque é festa,
Ora o vinho bebemos porque ha dôr.
Mas de um e de outro vinho nada resta.
No me gusta Saramago, debo confesar.
Me gusta el vino.
Me gusta lo que dice mi amigo el sommelier:
É melhor beber vinho e dizer mierdas, que beber mierda e nao dizer nada.
Jugué a que me gustaba Saramago cuando yo era capaz de reventar una botella de vino en la cabeza de mi amado.
Ahora que todo es calmo, sólo me gusta el vino.
Me gustaba el Oporto hasta que volví y ví mis botellas vacías opacadas por su eructo.
Eran cuatro botellitas de Oporto en una caja de madera que viajaron desde Lisboa. Al final, no me quedó ni la caja. Las botellas se estrellaron en mi pared, en los riñones o en el orgullo.
Ahora que todo es tan aséptico, sólo me gusta el vino en copitas de cristal y decir salud educadamente, como dicen que se hacen estas cosas según ciertas cosechas y ciertos cultivos de la buena educación.
Y no, no estoy borracha pero quisiera estarlo para poder decir mierdas justificadamente. Para poder gritar que estoy harta de una vida con tufillo a perfección y resaca de conformidad.
Así, en la sobriedad, pocos perdonan la locura o las mierdas o que no te guste Saramago.
Quizá compre una botella de vino que no sea español ni chileno. Un vino que no tenga nacionalidad de amantes presentes ni pasados y que tenga retrogusto a Pessoa:
Ao goso segue a dôr, e o goso a esta.
Ora o vinho bebemos porque é festa,
Ora o vinho bebemos porque ha dôr.
Mas de um e de outro vinho nada resta.
viernes, septiembre 02, 2005
Monotimia
Por fin fui a arreglarme la muela.
Compré el boleto de avión.
Hice un trámite de esos que me dan una hueva infinita.
Terminé mi trabajo.
Me merezco una estrellita en la frente y sin embargo I can't get noooo satisfactiooooon y la neta, ni lo intento.
Se viene otra racha de días más largos que mi sombra.
Por fin fui a arreglarme la muela.
Compré el boleto de avión.
Hice un trámite de esos que me dan una hueva infinita.
Terminé mi trabajo.
Me merezco una estrellita en la frente y sin embargo I can't get noooo satisfactiooooon y la neta, ni lo intento.
Se viene otra racha de días más largos que mi sombra.
martes, agosto 30, 2005
Crónica de una boda anunciada
Después de cuatro años de sólido noviazgo, Mau y Rena unieron sus vidas bajo la bendición de un sacerdote que los exhortó a vivir en pareja mientras todos los invitados sudaban la gota gorda y se revolvían los bolsillos pues el padre no perdió la oportunidad de hacer su bisnes y solicitó, muy humildemente, que se mocharan con el varo. Asalto asistido por los ángeles del cielo.
La capilla abierta, bellamente decorada fue perfecta para que después del Aleluya a ritmo de mariachi todos nos quedáramos esperando el Mariachi Loco, mismo que no llegó pero que dio paso a otros típicos cantos eclesiales bajo la batuta de un charro panzón acompañado de celestial trompeta y tololoche.
Posteriormente, después de que Rena ofreciera su ramo a la Santísima Virgen (¿Por qué las novias le ofrecen el ramo a la virgen? Deberían ofrecerlo a María Magdalena), se sirvió un pequeño ambigú consistente en margaritas de diversos sabores y antojitos mexicanos. Ese fue el espacio para que los invitados palmotearan al novio y las invitadas dejaron porciones de su grueso maquillaje en el hermoso vestido de la novia confeccionado en shantung de seda por renombrado diseñador.
Posteriormente los invitados, asistidos por amables anfitrionas, fueron asignados en sus respectivas mesas en donde degustaron de confit de pato en hoja filo, sopa fría de pepino, pollo en salsa dequeso brie y variedad de postres y cafés que todos se zamparon con harto gusto.
El banquete fue amenizado por un saxofonista que nos ofreció todo su repertorio de música de elevador para después dar paso a los acordes clásicos de cualquier boda que fueron acompañados por un sinfín de artículos inútiles como boinas, pelucas, sombreros, moños y demás que todos los convidados utilizaron felizmente.
Posteriormente, a la pista saltaron todos los paisanos arabizados libanizados que bailaron inclusive Hava Naguila, pero como el ritmo se parece, nadie reparó en danzar también esta melodía limando todas las rencillas ancestrales. Al concluir los desaforados acordes medio-orientales (y digo medio orientales porque la mitad era oriental y la otra mitad era lírica del conjunto versátil), se procedió a la tradicional Víbora de la Mar en donde todas las solteras se dieron cita para obtener el anhelado ramo, mismo que se llevó la prima gorda (osease yo) para sorpresa de las lindas jovencitas que deseaban fervientemente obtener tan preciada presea.
Después de varios éxitos bailables entre los que se cuentan Carnaval, Qué bello, Popurrí de timbiriche y otras obras cumbres del repertorio popular, sirvieron los tan ansiados chilaquiles que marcaban la conclusión de tan bonito evento.
Al día siguiente los novios partieron rumbo a exóticas playas de Asia a disfrutar de su luna de miel. Los invitados con la cruda a cuestas degustaron platillos propicios para paliar esa sensación de desasosiego que producen las borracheras memorables. El ramo lo olvidé en un vaso pero lo haré válido en cuanto decida sentar cabeza.
Después de cuatro años de sólido noviazgo, Mau y Rena unieron sus vidas bajo la bendición de un sacerdote que los exhortó a vivir en pareja mientras todos los invitados sudaban la gota gorda y se revolvían los bolsillos pues el padre no perdió la oportunidad de hacer su bisnes y solicitó, muy humildemente, que se mocharan con el varo. Asalto asistido por los ángeles del cielo.
La capilla abierta, bellamente decorada fue perfecta para que después del Aleluya a ritmo de mariachi todos nos quedáramos esperando el Mariachi Loco, mismo que no llegó pero que dio paso a otros típicos cantos eclesiales bajo la batuta de un charro panzón acompañado de celestial trompeta y tololoche.
Posteriormente, después de que Rena ofreciera su ramo a la Santísima Virgen (¿Por qué las novias le ofrecen el ramo a la virgen? Deberían ofrecerlo a María Magdalena), se sirvió un pequeño ambigú consistente en margaritas de diversos sabores y antojitos mexicanos. Ese fue el espacio para que los invitados palmotearan al novio y las invitadas dejaron porciones de su grueso maquillaje en el hermoso vestido de la novia confeccionado en shantung de seda por renombrado diseñador.
Posteriormente los invitados, asistidos por amables anfitrionas, fueron asignados en sus respectivas mesas en donde degustaron de confit de pato en hoja filo, sopa fría de pepino, pollo en salsa dequeso brie y variedad de postres y cafés que todos se zamparon con harto gusto.
El banquete fue amenizado por un saxofonista que nos ofreció todo su repertorio de música de elevador para después dar paso a los acordes clásicos de cualquier boda que fueron acompañados por un sinfín de artículos inútiles como boinas, pelucas, sombreros, moños y demás que todos los convidados utilizaron felizmente.
Posteriormente, a la pista saltaron todos los paisanos arabizados libanizados que bailaron inclusive Hava Naguila, pero como el ritmo se parece, nadie reparó en danzar también esta melodía limando todas las rencillas ancestrales. Al concluir los desaforados acordes medio-orientales (y digo medio orientales porque la mitad era oriental y la otra mitad era lírica del conjunto versátil), se procedió a la tradicional Víbora de la Mar en donde todas las solteras se dieron cita para obtener el anhelado ramo, mismo que se llevó la prima gorda (osease yo) para sorpresa de las lindas jovencitas que deseaban fervientemente obtener tan preciada presea.
Después de varios éxitos bailables entre los que se cuentan Carnaval, Qué bello, Popurrí de timbiriche y otras obras cumbres del repertorio popular, sirvieron los tan ansiados chilaquiles que marcaban la conclusión de tan bonito evento.
Al día siguiente los novios partieron rumbo a exóticas playas de Asia a disfrutar de su luna de miel. Los invitados con la cruda a cuestas degustaron platillos propicios para paliar esa sensación de desasosiego que producen las borracheras memorables. El ramo lo olvidé en un vaso pero lo haré válido en cuanto decida sentar cabeza.
viernes, agosto 26, 2005
Tlaxcala sin mí (II)
Adiós Tlaxcala: Te dejo mi corazón, pero sobre todo mi hígado.
Me gustaría postear algo más bonito, algo del tipo de lo que escribieron las Siamesas Lynch.
Miento.
Lo único que me gustaría es ir a Tlaxcala y pasear bajo el cielo azul en lugar de ir a Tlaxcala y atascarme todo el gin azul.
Miento de nuevo.
Lo único que me gustaría es beber todo el alcohol posible sin sufrir las consecuencias físicas y morales.
Auch.
Adiós Tlaxcala: Te dejo mi corazón, pero sobre todo mi hígado.
Me gustaría postear algo más bonito, algo del tipo de lo que escribieron las Siamesas Lynch.
Miento.
Lo único que me gustaría es ir a Tlaxcala y pasear bajo el cielo azul en lugar de ir a Tlaxcala y atascarme todo el gin azul.
Miento de nuevo.
Lo único que me gustaría es beber todo el alcohol posible sin sufrir las consecuencias físicas y morales.
Auch.
jueves, agosto 25, 2005
| Tlaxcala sin mí No sabía cómo dolía Tlaxcala. Cómo tanto aire puro está a punto de causarme una explosión pulmonar, por no decir cardiaca, porque ya sería mucho aunque sea lo más aproximado. Estoy empachada de recuerdos y los síntomas se han manifestado a través de una supina idiotez que a veces provoca una risa tonta y solitaria, y a veces un ojo vidriado. Mi andar por aquí es diferente ahora. Más libre y menos soberbio. Más tennis y menos tacones. Más contemplación y menos destrucción. Más amigos difusos y menos enemigos ocultos. Más dolor y menos rutina. Más mirada al frente y menos mirada penetrante. Sé que volveré un par de veces antes de partir. Las últimas dosis de Tlaxcala serán también la medicina perfecta para enmendar algunos errores y para saber que estoy condenada de por vida a ser valiente y fuerte. Por lo pronto tengo un montón de recuerdos revueltos. Con calma habré de diseccionar las ventajas de mi soledad, las desventajas de mis relaciones efímeras, la vuelta de tuerca de mi carácter, la estabilidad de mi generosidad, el fallo de mi vida en pareja, el acierto de mis placeres, la necedad de establecer dominios, la despreocupación por quererme, la voluntad por cumplir mis caprichos, la soltura con que abrí sus heridas, la sutura con que malamente cosí las mías. Llegué a Tlaxcala pensando que venía a convertirme en una persona adulta. Por suerte no lo logré. Ahora que me voy tengo la certeza de que no puedo posponerlo y me amarga no tener la frescura y la desfachatez del día que llegué sin mucho presupuesto y tuve que elegir entre comprar una escoba o un trapeador para limpiar mi nuevo espacio. Ahora me podría comprar una aspiradora, el problema es que el voltaje de Barcelona no es compatible. Y yo no sé si seré compatible, o si tengo que cambiarme el chip para compatibilizarme. Ya no seré la chica loca de la colina sino la señora extranjera del primer piso. Me dan muchas ganas de salir corriendo a la plaza, fumarme un toque y decir: "De aquí soy" Pero miento, de aquí fui y ahora sobro en este lugar. Lo sé porque el paisaje sin mí luce mucho más luminoso y porque ahora Tlaxcala es mi cajita de recuerdos, pero yo no quepo más en esta cajita: la más querida e importante, la fundamental y decisiva. La cajita de Pandora que jamás dejará de fluir. |
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